Cuando el otoño comienza a teñir los paisajes del centro de México y el bullicio de la gran capital exige una pausa, el sur de la Ciudad de México se transforma para ofrecer uno de los viajes sensoriales más ricos de todo el país. Imagina un rincón donde el aire se impregna irremediablemente con el aroma humeante del chocolate, el cacao, las semillas tostadas, el ajonjolí y una compleja y seductora variedad de chiles secos.
Ese sitio es San Pedro Atocpan, un pintoresco pueblo con vocación centenaria ubicado en la alcaldía Milpa Alta, que cada año se convierte en el epicentro indiscutible de la cultura culinaria nacional.
Para los viajeros empedernidos, los exploradores de sabores y aquellos que buscan escapar de la rutina urbana sin alejarse demasiado, la cita obligada ya tiene coordenadas y calendario. Del 3 al 25 de octubre, este pintoresco destino rural alista la edición número 49 de su emblemática Feria Nacional del Mole, un pretexto inmejorable para armar una escapada de fin de semana llena de color, tradición, hospitalidad y, sobre todo, mucho sabor.
Un viaje al corazón de la tradición culinaria
Visitar esta feria no es simplemente sentarse a comer; es adentrarse en una comunidad entera que ha vivido y respirado por el arte del mole durante generaciones. Lo que comenzó hace décadas como una festividad modesta organizada por un puñado de locatarios, hoy se ha consolidado como un monstruo turístico y cultural que atrae a miles de visitantes nacionales e internacionales.
Al llegar a la carretera Xochimilco-Oaxtepec, el viajero es recibido por una atmósfera festiva inigualable. El evento cuenta con la participación de veintitrés restaurantes tradicionales y diecisiete productores locales de mole que abren las puertas de su talento para mostrar por qué esta región es considerada la capital indiscutible de este manjar prehispánico y mestizo.
Aquí, la oferta gastronómica desafía hasta al paladar más exigente. El rey indiscutible de las mesas es, sin duda, el clásico mole almendrado acompañado de jugoso guajolote, una receta que equilibra a la perfección el dulzor de las almendras con el carácter fuerte de los chiles. Sin embargo, las opciones para el turista son vastas: se puede disfrutar de un reconfortante mole rojo con pollo, un tradicional pipián con carne de cerdo y tiernos chilacayotes, o bien optar por preparaciones más audaces como el conejo en adobo. Además, para quienes desean llevarse un pedecito de esta experiencia a casa, los pasillos de la feria ofrecen pasta y mole granulado empacados de manera artesanal por manos expertas.
Más allá del plato: Una experiencia multisensorial
Pero la experiencia turística en San Pedro Atocpan va mucho más allá de la comida. Durante los 23 días que dura este gran encuentro, el pueblo entero se viste de gala para ofrecer un programa de entretenimiento que envuelve a toda la familia.
Uno de los momentos más esperados por los asistentes —y que ya se ha convertido en un atractivo imperdible— es la elaboración de la Enmolada Más Grande del Mundo. En esta edición, el comité organizador y los cocineros locales se han propuesto romper récords previos al intentar montar una monumental enmolada de aproximadamente 80 metros de longitud. Ser testigo de este despliegue de coordinación, arte culinario y orgullo comunitario, seguido por la repartición de esta delicia, es una vivencia que ningún viajero querrá perderse.
El turismo cultural también encuentra un refugio excepcional en esta feria. El programa artístico incluye presentaciones folclóricas de gran calado, destacando la energía y el colorido de la tradicional Guelaguetza, así como espectáculos de los imponentes Voladores de Papantla, cuyas acrobacias aéreas cautivan a chicos y grandes. Los amantes de las emociones tradicionales podrán disfrutar de alegres bailes populares, jaripeos y eventos en la Plaza de Toros, mientras que los más pequeños y los jóvenes hallarán diversión garantizada en la zona de juegos mecánicos.
El toque artesanal de México reunido en un solo lugar
Hacer turismo en Milpa Alta durante octubre también significa apoyar y descubrir el trabajo de manos mexicanas provenientes de distintas latitudes. La feria funciona como un puente de intercambio cultural donde participan artesanos invitados de estados vecinos como Morelos, Hidalgo, Tlaxcala y el Estado de México. Caminar entre los puestos de artesanías es descubrir textiles únicos, alfarería, juguetes tradicionales, joyería y piezas de arte popular que reflejan la riqueza de la identidad mesoamericana y mestiza. Comprar una pieza aquí es un acto de turismo consciente que apoya directamente a las economías locales y de los pueblos originarios.
Tu próxima escapada te espera
Planear una visita a la Feria Nacional del Mole es regalarse un respiro lleno de autenticidad. Ya sea que decidas lanzarte en compañía de tu familia, con amigos o en pareja, este rincón del sur de la ciudad te abrirá los brazos para demostrarte que el turismo en México se vive, sobre todo, a través de sus sabores, sus aromas y la calidez de su gente.
Prepara el apetito, aparta los días en tu agenda y anímate a redescubrir la magia de San Pedro Atocpan. Una experiencia monumental de tradiciones vivas te espera este octubre. ¡Allá nos vemos!










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